Estos días damos por supuestas muchas cosas. Vemos luces, compramos regalos y nos sentamos a la mesa como si todo esto hubiera sido siempre así. Pero, si rascamos un poco en la superficie, la Navidad es un puzle fascinante de historia, astronomía y marketing que hemos ido montando siglo tras siglo.
¿Sabías que la mayoría de lo que celebramos tiene orígenes que te sorprenderían? Hoy vamos a poner al día nuestros datos para descubrir qué hay de cierto en la «marca Navidad».
1. La fecha: ¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre?
Es el dato más repetido, pero también el más inexacto: Jesús de Nazaret no nació el 25 de diciembre. De hecho, ni siquiera los historiadores o los teólogos saben qué día nació exactamente, ya que los Evangelios no mencionan ninguna fecha.
Si buscamos pistas históricas, encontramos un detalle clave: los textos bíblicos hablan de pastores durmiendo al raso y vigilando sus rebaños por la noche. En la zona de Belén, en pleno diciembre, el frío hace esto casi imposible. Los rebaños suelen estar resguardados en invierno. Este detalle sugiere que el nacimiento pudo ocurrir más bien en primavera o verano. Además, la mayoría de expertos sitúan el año de nacimiento no en el año 0 o 1, sino entre el 6 y el 4 a.C., antes de la muerte del rey Herodes.
¿Por qué entonces el 25 de diciembre? Fue una decisión estratégica. En la Roma antigua, hacia el 25 de diciembre se celebraba el Sol Invictus (el Sol Invicto), coincidiendo con el solsticio de invierno. Es el momento en que los días empiezan a alargarse y «la luz vence a la oscuridad». Los primeros cristianos, a partir del siglo IV, adoptaron esta fecha tan potente simbólicamente para celebrar el nacimiento de su propia «luz del mundo», facilitando así que la fiesta fuera aceptada popularmente.
2. El origen de las grandes comilonas y los regalos
Si te preguntas por qué nos da por comer sin fin y hacernos regalos en estas fechas, la respuesta vuelve a estar en Roma, mucho antes de la Navidad cristiana. Todo viene de las Saturnales, unas fiestas locas y muy populares en honor a Saturno, dios de la agricultura.
Las Saturnales se celebraban del 17 al 23 de diciembre. Eran días de alegría desbordada, donde se paraba la actividad pública y se relajaban las normas sociales. Lo más curioso era que, durante esos días, se invertían los papeles: los amos servían la comida a los esclavos. Se organizaban banquetes públicos y privados, se bebía vino y reinaba un ambiente de carnaval.
Además, existía la costumbre de intercambiar regalos, llamados sigillaria (a menudo figuritas de barro o velas). Cuando la Navidad se oficializó, la Iglesia no pudo (ni quiso) eliminar estas costumbres tan arraigadas. Simplemente, las transformó. Así que, cuando te sientes a comer gambas o abras un regalo este año, recuerda que estás manteniendo viva una tradición romana de hace más de dos mil años.
3. Los Reyes Magos: ni eran tres, ni eran reyes
Esta es una de las marcas más potentes de la Navidad en España, pero el relato que conocemos es una construcción de siglos posteriores. Si leemos el Evangelio de Mateo (el único que los menciona), nos llevaremos varias sorpresas.
Primero, el texto solo habla de unos «magos de Oriente». En aquella época, la palabra «mago» no significaba hechicero, sino sabio, astrónomo o sacerdote (probablemente de religión zoroástrica, de la antigua Persia). Eran estudiosos del cielo.
Segundo, en ningún sitio dice que fueran tres. El número tres se dedujo más tarde porque llevaron tres regalos: oro, incienso y mirra. Pero en otras tradiciones orientales se habla de doce magos.
Tercero, no eran reyes. La idea de la realeza se añadió siglos después para darles más empaque y vincularlos con antiguas profecías. Y sobre sus nombres (Melchor, Gaspar y Baltasar) y sus razas (para representar las tres edades del hombre y los tres continentes conocidos entonces: Europa, Asia y África), no aparecen documentados hasta la Edad Media. Lo que celebramos hoy es una preciosa evolución de la historia original.
4. Papá Noel: de obispo turco a icono de refresco
Aquí tenemos otro mito moderno muy extendido: «A Papá Noel lo inventó Coca-Cola y por eso va de rojo». Falso. Aunque la marca de refrescos tiene mucho mérito en su imagen actual, no lo inventaron ellos.
La figura real es San Nicolás de Mira, un obispo que vivió en el siglo IV en lo que hoy es Turquía. Era famoso por su generosidad, especialmente con los niños y los pobres. De hecho, la leyenda cuenta que dejaba monedas de oro en los calcetines de tres hermanas pobres para que pudieran tener dote. De ahí viene la tradición de colgar calcetines en la chimenea.
San Nicolás, como obispo, ya se representaba con ropajes eclesiásticos rojos siglos antes de que existieran los refrescos. Lo que sí hizo Coca-Cola en los años 30, a través del ilustrador Haddon Sundblom, fue estandarizar su imagen: le dio ese aspecto rechoncho, bonachón y «humanizó» su rostro, eliminando los rasgos de obispo serio. Pasó de ser un santo delgado (Sinterklaas en Holanda) al abuelo mágico que conocemos hoy, pero el rojo ya lo traía de casa.
5. El árbol y el pesebre: un mix europeo
Nuestra decoración navideña es una fusión perfecta de tradiciones del norte y del sur de Europa.
El árbol de Navidad tiene un origen pagano germánico. Las tribus del norte adoraban a árboles sagrados (como el roble de Thor). La leyenda cuenta que, en el siglo VIII, San Bonifacio, un misionero evangelizador, cortó uno de estos robles sagrados para demostrar que su dios no castigaba. Al caer el roble, señaló un pequeño abeto que había detrás. Al ser de hoja perenne, simbolizaba la vida eterna, y su forma triangular apuntaba al cielo. Con el tiempo, se empezaron a colgar manzanas (pecado original) y velas (luz), que hoy son nuestras bolas y luces.
Por otro lado, el Belén o pesebre es un invento mucho más tardío y sureño. Se lo debemos a San Francisco de Asís. En la Nochebuena de 1223, en el pueblo italiano de Greccio, Francisco quiso que la gente sencilla comprendiera las condiciones humildes en las que nació Jesús. Montó el primer belén viviente en una cueva, con un buey y una mula de verdad. La idea gustó tanto que pronto pasó de ser una representación teatral a las figuras de barro que hoy ponemos en el salón.
En resumen, la Navidad es una «marca» viva que ha sabido adaptarse, absorber tradiciones de aquí y de allá, y evolucionar con nosotros. Conocer su historia no le quita magia; al contrario, la hace mucho más humana e interesante.
¡Feliz Navidad!
Consultor, formador y conferenciante sobre personal branding.
Socio co-fundador de Soymimarca.
Convencido de que todo deja marca, ayudo a humanizar empresas y ayudo a profesionales a proyectar su marca para lograr sus objetivos.
Además de Soymimarca, soy fundador de iOBrand.ai socio en Integra Personal Branding México, y Director de Marca en Omnia Branding.
Profesor en ISDI, en el EMBA de IESE. Publicitario colegiado, master en Mkt y estudiante de grado de Humanidades (UOC).
Mi ADN está formado por experiencias en Tiempo/BBDO, J.W.T., Bassat Ogilvy, Saatchi & Saatchi, Altraforma y TVLowCost entre otras.
guillemrecolons.com

Felicidades a un equipo espectacular.
Gracias por los aportes de su blog!
Feliz Navidad
Salu2,
Ezequiel F.
FELIZ NAVIDAD!! :-)